(Noviembre 2009)
Creemos
que la carta natal (CN) es “el mapa de lo que soy”. De modo que conociendo con
precisión la hora del momento de nuestro nacimiento podemos estar seguros de
tener la posibilidad de saber quiénes somos.
Por eso le damos tanta
importancia a nuestra CN. No estar seguro de ella sería no poder tener la
certidumbre de saber quiénes somos. Necesitamos estar seguros de ser alguien
definido y trasladamos esa seguridad a la CN. Tener una CN es garantía de poder
saber quién soy.
Y decimos que lo que
somos es la CN, es decir la carta astral del momento de nacimiento, del corte
del cordón umbilical que nos mantenía unidos a nuestra madre. Decimos que somos
ese momento. Incluso que nuestra vida empieza ahí.
El
primer aliento es un momento significativo en la experiencia de nuestro ser. Y
por eso la CN lo es. Pero ¿no habría otros momentos significativos para la
revelación de esa experiencia? ¿No somos la CN tanto como somos, por ejemplo,
la carta de la concepción? ¿No podría tener el mismo significado la carta de
una adopción o la carta de cualquier momento sincrónico a la sensación de estar
naciendo, de estar surgiendo a un estado del ser
cualitativamente diferente al anterior?
Sin duda, podría
responderse que esas otras cartas tendrán relación con la CN e incluso son sus
tránsitos. Es cierto. Pero lo es tanto como que la propia CN es la carta de los
tránsitos a otras cartas anteriores posibles. No se trata de que la CN es “la
verdadera carta de lo que somos” y que otras cartas de otros momentos de
nuestra vida sean sólo sus tránsitos. La propia CN es una carta de tránsitos.
Nuestra sensación de ser individuos definidos son meros tránsitos.
No existe la verdadera
carta astral de lo que somos. ¿Somos un proceso que comienza en el algún
momento? ¿Somos una carta astral específica? ¿O toda carta es un instante de un
proceso en desarrollo que excede nuestra comprensión y necesidad de definición
personal e individual, una ráfaga de significado en el misterioso despliegue
del ser?
Lo que soy no está
escrito en ninguna parte ni tiene mapa alguno.
La CN es tan precaria
como nuestra certidumbre de que somos lo que creemos ser.
La CN no es la
definición de nuestro ser así como nuestra sensación de identidad tampoco lo
es.
Lo que somos es
misterio. La CN es una herramienta simbólica exquisita para intentar establecer
un nexo con ese misterio del ser. La CN es un instante de ese misterio y tiene
inscripto su despliegue. Pero no es la única herramienta, ni es necesaria, ni
es suficiente para dar cuenta de aquel misterio. Ni única, ni necesaria, ni
suficiente. Y no es ni el plano ni el mapa del ser.
No es nuestra
necesidad personal de descubrirnos al fin la que saca provecho de nuestra CN,
ni los anhelos de nuestra personalidad individual los que se valen de ella para
lograr las instrucciones de nuestra felicidad. En verdad, parece como si el
alma se valiera de ella para hacerse notar a nuestra conciencia, como si la CN
se ofreciera para que podamos tocar un secreto dulce que nunca terminaremos de
escuchar. La CN es un espejo que permite reconocernos cuando estamos
extraviados y se esfuma o astilla en mil pedazos cuando creemos habernos
encontrado.
Y si esto parece un
tanto abstracto o teórico, vayamos pues a algo concreto.
La experiencia de
hacer consultas es despersonalizante para el astrólogo. Durante una entrevista
el astrólogo trata de sentir la carta del consultante. En el transcurso de ese
encuentro se dispone a vivir lo que el dibujo de esa CN propone, como si fuera
su propia CN. Y así con cada consultante. Se sale de la sensación de ser sólo
“su” propia y exclusiva carta natal para tratar de sentir y ser también la CN
de su consultante. Consultante y astrólogo participan de esa cualidad de ser. Y
lo mismo hará el astrólogo con el próximo consultante y su CN. Y con el próximo
y el próximo.
En
consulta participamos de la experiencia de ser diferentes cartas natales, antes
que de interpretarlas. No se trata de “ser bueno y ponerse en el lugar del
otro”, sino de sentir ese “otro” lugar. Uno es ese
otro. Al menos lo es en el transcurso de la consulta. Y
eso es amor.
La consulta
astrológica es una experiencia amorosa, en lo más sutil, conmovedor y sagrado
del término. No es la lectura de un análisis clínico para su posterior
diagnóstico y prescripción de tratamiento a cargo del facultitavo. Haciendo
cartas natales experimentamos la precariedad de la simple sensación de ser
“nuestra” carta natal, la pobreza de creer que somos “una” carta natal.
Muchas veces un
consultante nos trae algo que es pertinente a un tránsito de nuestra CN. Y nos
parece prodigioso. Pero hay algo que lo es más aún. También muchas otras veces
un tránsito del consultante nos pone en contacto con una información oportuna
-lo suficientemente elocuente como para no poder obviarla- sin que se
corresponda con un tránsito de nuestra carta. Así, un tránsito de la CN de
nuestro consultante es clave para un momento de nuestra vida o para la
comprensión honda de nuestra experiencia vital, sin que esa clave esté
apareciendo con esa nitidez en nuestra propia CN. Lo mismo puede pasarnos con
nuestra pareja, con nuestros hijos, con otros vínculos. La CN y tránsitos de
“otros” revelan significados que estremecen a “nuestra” conciencia. La CN y
tránsitos de “otros” participan de “nuestra” vida.
La astrología, su
deslumbrante y afinada congregación de símbolos y significados, excede nuestra
necesidad de cartas natales. La astrología es mucho más que estudiar cartas
natales.
La astrología parece
frustrar los intentos de definir “nuestro ser”, de descubrir claves definitivas
que nos brinden la seguridad de “ser algo que ya esté escrito en algún lado con
coordenadas específicas”. No nos permite definir nuestro ser porque, en verdad,
nos invita -paciente e implacablemente- a participar de su misterio, todo el
tiempo y en todo lugar, sin que nada quede fuera.
La
experiencia de lo que es se impone a lo que
creamos que diga o deje de decir una CN. La experiencia de lo
que es no está supeditada a lectura ni interpretación de mapa
astral alguno.
Y astrología es delicada resonancia con
la experiencia de lo que es.



