TODO ESTÁ EN EL CUERPO
La
psicología somática es el estudio de la conexión mente-cuerpo. Recurre a la
filosofía, la medicina y otras ciencias en un intento de unificar el ser humano
en un todo orgánico con el propósito de curarlo y transformarlo. Intenta
unificar el campo teórico de la naturaleza humana.
A grandes rasgos está basada en las siguientes premisas:
1.
Cualquier proceso que se produce, sea
físico, emocional, cognitivo o espiritual, ejerce un efecto en el conjunto de
nuestro ser. Nuestra experiencia de un suceso
debe llevarse a través del sistema sensorial (a través de una activa red de
nervios) para que nuestra mente la registre. La única manera en que la mente
se hace real es a través de los actos del cuerpo que la encarnan.
Nuestra respuesta a los acontecimientos modifica la estructura física del cuerpo
igual que las emociones y los pensamientos. Cuerpo/Mente es un continuo, más
que dos sistemas separados y (en condiciones ideales) colaboradores.
2.
Como seres humanos, somos sistema de energías. Captamos y gastamos
energía para vivir y esa energía determina nuestra identidad y nuestra
conducta. La energía puede verse como el equivalente de la personalidad. Desde
una perspectiva somática vemos cómo se absorbe energía del entorno, cómo se
procesa y cómo se expresa. Los sucesos estimulan en nosotros el flujo de
energía, energía que es interpretada entonces, en función de su impacto sobre
la forma y el destino de nuestra estructura física. Después la energía es
liberada al entorno en forma de comportamiento, hablando en un tono a la
defensiva, pasivo o distante. Con frecuencia solemos tener demasiada o muy poca
energía en el cuerpo, debido al uso permanente que hacemos de la contracción o
del colapso como estrategia de defensa.
3. Nuestra
energía es una función vital tan básica que no puede ser mala. Gran parte de
nuestro sufrimiento se debe a que constantemente se nos castiga por nuestra
energía. Toda energía que rechacemos o
temamos se hará distorsionada y se verá herida al no ser expresada o sentida de
forma normal.
4.
Estamos organizados en torno a un círculo
energético de sentimientos y expresiones. El sentimiento suele equipararse
con la sensación y con el flujo pulsante de energía del cuerpo. Se produce
dentro de éste y consiste en los datos puros a partir de los cuales aprendemos
a etiquetar nuestras emociones y nuestros estados de ánimo. Nuestra capacidad para mantenernos receptivos a
las sensaciones y a las energías de forma incondicional es el componente
principal de un funcionamiento sano. Lo que debemos intentar es recuperar la sensación y la pulsación
energética tratando de practicar el seguimiento y la confirmación de lo que
nos dice la percepción sensorial.
La expresión es otro
componente principal de un comportamiento sano. La única manera de expresarnos
con nuestro cuerpo es con palabras o con gestos. Pero siempre buscamos una expresión que comunique de forma precisa nuestra
experiencia interior.
5.
A nuestro cuerpo le encanta moverse y
tiene que hacerlo.
El movimiento es nuestra manera de definir la vida. Todos los movimientos del
cuerpo pueden contemplarse como fenómenos vibratorios o pulsadores en un
continuo que va de aproximado o lento (el avance físico a través del espacio),
e intermedio (los fluidos que circulan por el cuerpo, los gestos, las vacilaciones
emocionales), a precisos y rápidos (intercambios de iones, impulsos
eléctricos). La expansión y contracción del proceso pulsador es vida en su
máxima expresión.
6.
Cuando se frena el movimiento, se
obstruye el flujo energía/vida y enfermamos. Y si se lo acelera, también se distorsiona
este flujo, dando los mismos resultados: enfermedad. Y dicha enfermedad se
manifiesta en todo nuestro ser. El
sufrimiento se origina cuando intentamos sujetar y frenar o acelerar y
lanzarnos a patrones de “ponernos entre la espada y la pared” en lugar de
experimentar el movimiento que baila con lo que está sucediendo.
7.
El cuerpo es un símbolo para toda
experiencia.
Esto queda ilustrado en nuestro modo de utilizar el lenguaje. Decir que alguien
es molesto como un grano en el culo puede reflejar realmente lo tenso que nos
sentimos en su presencia. Al confiar en nuestros síntomas somáticos[i],
escuchamos nuestras palabras, imágenes y sueños acerca del cuerpo para valorar
cómo percibimos y organizamos nuestra experiencia. El cuerpo nos habla
constantemente en el idioma de las sensaciones que es una fuente rica y vital
de información e intuición.
Cuando dedicamos la
mayor parte de la atención a nuestro concepto del yo, a saber quiénes somos,
nos perdemos el acto vital y nutritivo de experimentar directamente el mundo
sin filtros perceptivos y sistemas de creencias. Nuestra felicidad se basa en
la capacidad de experimentar la vida directamente y hasta el último trago. Saber quiénes somos nos proporciona toda
clase de historia o de ideas que contar. Las ideas pueden ser o no
precisas; desde luego, toman forma a partir de lo que nos han dicho de nosotros
mismos, así como de nuestras necesidades de ser aprobados y recibir atención. Saber quiénes somos nos proporciona una
visión que puede dictar cómo vemos el mundo y como actuamos en él. Nos da una
caja en la que vivir.
Pero es el acto de
situarnos, de decir “¡Aquí estoy, en el aquí y ahora!”, lo que ilumina y
embellece nuestra vida. Cuando sabemos dónde
estamos, somos capaces de movernos en cualquier dirección que nos lleve la
vida. Localizarme en el espacio me sitúa en el entorno como si me guiara
una brújula. La única casa que vamos a
tener durante toda nuestra vida es nuestro cuerpo. El único momento en el que podemos actuar es ahora. Estar en el
presente otorga una experiencia directa que nos pone en contacto con nuestra
vigencia, con la afinada percepción del mundo y de estar en él. Nos despierta
al conocimiento de un cuerpo que vibra, que tiene pulsaciones, en el que
vivimos y en el que nos movemos.
Nosotros
deseamos saber dónde estamos en relación con el mundo que nos rodea y cómo
podemos relacionarnos con los demás de manera satisfactoria en este mundo.
¿Cuáles son las fuentes de nutrición a las que podemos recurrir durante el
trayecto? ¿Dónde está y cuál es el camino que nos llevara ahí? ¿Qué medio de
transporte usamos?... Para eso necesitamos primero volver a localizar nuestro
lugar primero de experiencia directa y de actividad vital.
Referencia
“Getting our
bodies back”, by Christine Caldwell
[i] Debemos entender síntomas
somáticos no como una enfermedad, sino como la manera que tiene el cuerpo
de comunicarnos lo que está pasando.
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