¿En qué consiste el
tratamiento?
Esencialmente
es seguir el curso de la naturaleza, y es por eso que el trabajo es en sí mismo un
proceso natural de continua evolución. Se trata entonces de Reequilibrar las estructuras del cuerpo
mediante técnicas precisas para que retorne la normal circulación de los
fluidos y la energía nerviosa. Si la circulación sanguínea se efectúa
normalmente, la enfermedad no puede desarrollarse porque nuestra sangre lleva y
transporta todos los elementos necesarios para asegurar la inmunidad natural y
luchar contra las enfermedades. La lenificación de la circulación entraña una
disminución de la capacidad de defensa de los tejidos mal irrigados y
determina, en un primer momento, una alteración funcional (reversible y
curable). El objetivo esencial del tratamiento es “encontrar la lesión, acompañarla en su auto-corrección y dejar a la
Naturaleza hacer el resto”. La enfermedad es consecuencia de anomalías
anatómicas causadas por una disfunción fisiológica.
El hombre debe ser
ante todo normal a sí mismo. Algunas compensaciones son vitales,
suprimirlas brutalmente es un error que desestabiliza todo el equilibrio
laboriosamente adquirido y corre el riesgo de crear más inconvenientes que
beneficios para la salud. Durante el tratamiento el terapeuta debe hacer lo que
el cuerpo pide, adaptar constantemente su intervención a las necesidades del
paciente.
El cuerpo posee en si
todos los elementos necesarios para su buen funcionamiento y para su
defensa contra los agentes exteriores, responsables de la mayoría de las
enfermedades. Muy frecuentemente la medicina se contenta con tratar el efecto y
no la causa, cortando los procesos naturales de defensa orgánica como la
fiebre, la inflamación pasajera, los dolores, la tensión arterial, enmascarando
con medicamentos, a veces tóxicos, los problemas que provoca el no respetar las
leyes naturales o por lo ataques de agentes exteriores al organismo.
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